miércoles, 14 de agosto de 2019

Clave

{lo escribo para fijarle limites, para ver que no tiene encanto, para dejarlo.}
La invención de Morel, Bioy Casares

Sabes
en qué clave hablo cuando no hablo
en especial contigo. 

Duermes
durante el día en la memoria
pequeño, invisible;
esperando cama, almohada noche
para emerger fosforescente.

Tengo el dudoso privilegio
de recordar tus primer mirada
el preciso instante
la actividad exacta;
repito cada madrugada.

Ojos muy grandes para la cara
cara muy grande para olvidarla
olvido muy necio para lograrse.

¿O no?
¿Te olvidaste de mi pelo?
¿de mis nervios saltantes?
¿de la aventura constante..?

Quiero verte.
Dejar la reconstrucción a ciegas de esta tu voz,
tu paso tu ropa tus cobardías
tenerte real y enfrente desmintiendo
el mar de fantasía de cada noche.

¿Podré verte?
Si me asusta la idea sola.
Si aunque lo deseo, no lo quiero.
(La fortuna tampoco quiere, por la suerte que sea)

¿Qué quiero?
Que salgas de mis insomnios.
Que niegues todo lo dicho.
Una u otra, pero no esto.

Por ahora, tras una vela
tras la boca cerrada, el silencio obstinado
queda el sutil imaginario consuelo
de que entiendes todo esto aunque no lo diga.




miércoles, 3 de julio de 2019

Veneno (ll)

(In order to sleep)

Nadie debería leer, saber de esto, más que yo. Consideraré... dejarlo como un borrador. Pero who knows? Puede que sirva de algo. No soy la única con issues como éste, lo apostaría.
 Yendo al grano; encontré el origen de mis problemas. Suena gracioso decir ninfomanía, attention whore, daddy issues; somos milennials y nos reímos de todo, antes de que se acabe el mundo y muramos todos. Pero la verdad es que no hay nada tan tóxico, tan agresivo contra el propio ser, que buscar, que intentar obligar a las personas a enamorarse de ti con un amor que sientes que te faltó de tus padres, para así dártelo a ti misma. Dice Martha, mi psicóloga, que decirse las cosas uno mismo tiene un impacto fuerte en el subconsciente. Así que... imaginemos la situación.

REHAB
Obra en los menos actos que se pueda; imaginaria y de pobrísima calidad.

Una terraza, día claro pero no soleado. Fer, muy bien arreglada, cabello largo, sentada con las piernas cruzadas, colgando, de un banco demasiado alto. Sonríe con coquetería antes de hablar.

-Hola, me llamo Fer. No Fernanda porque es muy masculino, ni María a menos que esté en problemas. Estoy aquí para decir unas cuantas cosas sobre mí. Cada frase que diga se va a hacer material, de plástico.
Tengo veintitrés años y no sé manejar. Llevo unos diez intentos frustrados de suicidio y eso no ayuda mucho a mi autoestima. ¿La raíz del problema? El desamor. Verán, yo me quiero, o no intentaría conseguirme tan desesperadamente lo que necesito. El problema es que lo hago mal. Tengo una familia amorosa, y dos padres que me quieren muchísimo; pero eso no impide que sean dos personas con muchos problemas también, que fallaron en hacerme sentir querida. Sí, fa-lla-ron. Se ´puede causar ese daño aunque sea sin querer. Ahora, sí sientes que no tienes/mereces el amor de tus padres, ¿cuál vas a merecer? El peor, el más fácil, o el que no pueden darte. En ese orden, el peor fue problemático, a los quince años. Terminé a las once de la noche en la calle intentando un faje, para demostrarme que el romance y erotismo eran todo lo que quería y necesitaba. Luego, el más fácil: con el chico más feo de la clase, que todo mundo aseguraba que estaba enamorado de mí. Ese tuvo resultados inesperadamente horribles. Ufff. Y al final, en la etapa que intento eliminar, el que no pueden darme. No, no es una cotradicción: conseguir algo que te fue negado es un triunfo, te demuestra tu propio valor, ante ti y ante los otros. Demuestrademuestrademuestra. Hay formas, desde el sutil chantaje, puestas en escena o... de plano entrar en un papel, creerte tú mismo que eres lo que El Otro desea, o que te puedes convertir en eso.
Hablando de deseos, ser deseada, querida, adorada y/o valorada puede llegar a ser una droga poderosa, cegadora. Así no ves que quien te la está dando no te gusta, no te entiende, te llega a causar repulsión. ¿Suena fuerte? Ah, confession time: ninguno de mis último caprichos... es de mi agrado físicamente. O no lo fue al principio, tuve que mentirme muchísimo para que llegaran a serlo. Si yo los acepto, ellos a mí, ¿no? Sí me rebajo...
Véanlo así: tienes un millón de pesos, si compras cosas de millonario te sentirás miserable. Pero ese millón de pesos en Waldo´s...
Y es gracioso porque eso me enseñó humildad. ¿poca autoestima y un ego inflado? Sï señores, perfectamente posible. Porque las personas no se encuentran en niveles. Lo que sientan o piensen de ti no depende de cuanto las adules o te hagas creer que te gustan. Dar nunca garantiza que recibirás.
Justo ahora me siento mal; creo que es la primera confesión fría y honesta que he hecho en mi vida. Por eso no quiero dar nombres. Pero hablemos de detalles, para que no pueda volver a cerrar los ojos: caras horrendas, ojos demasiado grandes, personalidades ridículas, patéticas. Obesidad, defectos al hablar, cobardía. Están tan lejos de lo que para mí es un buen hombre, alguien fuerte, valiente, inteligente y equilibrado. Que me quiera, obviamente, y yo a él, por ese milagro inexplicable que es el amor. De lo físico, ya ni hablamos.
Y no, no se trata de que busque a alguien perfecto; es que me desespero, me aburro, tomo la primera oportunidad que se me presenta y me precipito. Quiero las cosas y las quiero YA. Lo que sea, quien sea, pero YA.
...porque lo necesito desesperadamente, lo que creo que es la llave para encontrar el amor propio. EL que me negaron y me niego casi agresivamente.
"Llámalo, te sentirás mejor." "Migajas es mejor que nada" "Algo estás logrando" "Así no te olvidará" "Seguro él sigue pensando en ti después de tanto".

No, no. NO.

Ya no estoy ciega. Pero lo que implica es tan duro. Dejar el affair. Quedarme a solas conmigo, sabiendo lo que sé. Me ama quien debe hacerlo, me amo yo y eso basta. Se siente solitario y extraño, es fácil caer en la trampa. No ayuda el desequilibrio hormonal, la precocidad sexual. Pero tambipen soy eso y también lo amo. ¿Qué me complicó todo, me hizo alejarme a mí misma del cariño paterno que necesitaba, anticipándome a lo edípico? Oh, bueno, too smart for this fucking world.

Así que... persona de extremos como soy, esta es una nota para recordarme que el enemigo son ellos; los hombres. Con su falsa promesa de darme lo que necesito. Me autoengaño sola, pero ellos son el vehículo, la droga. Y basta. Me desintoxicaré.  (porque si no volverá a pasar lo de siempre, la droga funciona hasta que llega el bajón, a saber: el rechazo. Esa odiosa palabra es la que me ha llevado a tantos intentos absurdos. No quiero morir. Quiero mejorar. Y no hay rechazo si no hay droga. Agh. El único amor que necesito, el mío, el de mis padres y mis hermanas, nunca me ha rechazado. Tengo todo lo que necesito... excepto memoria. Y para sustituir eso tengo escritura, blogs, notas, fuerza de voluntad.)
Fin.

A los pies de Fer han caído tiras largas de palabras, insectos que se retuercen pero no huyen. Son asquerosos. Se baja y los toma con ambas manos. Hace una bola con ellos, y saca un bate de béisbol de no sé dónde. Golpea una y otra vez, hasta que la sangre le salpica la cara. Grita de furia, llora. Esta furiosa pero todo ese odio va hacia las palabras-ideas-insectos que está matando. Sabe que son una plaga y pueden volver, pero por ahora, los ha matado a todos. Por fin, puede irse a descansar.

sábado, 29 de junio de 2019

Memorias de una hipster involuntaria

(ficcional, como mi vida)
(spoiler: mala literatura, grafomanía)

Hay un mecanismo del cuerpo que convierte los sentimientos en sensaciones corporales, generalmente negativas: Somatización. Asimismo, existe un sentimiento en el que se extraña lo que no se ha tenido: Melancolía. Finalmente, tenemos la situación en que dos personas radicalmente diferentes se encuentran, y se asombran de que pueda existir alguien viviendo de esa manera: Otredad. (Definiciones para comenzar) 
 Probablemente no estaría en esta situación si no hubiera encontrado ese blog. Está lleno de fotos de bosques, de jardines pequeños con flores imposibles, y mujeres de belleza triste rodeadas de encajes transparentes, de vestidos antiguos. O tal vez igual lo estaría, con tantas películas de época en el historial, o con tantos dolores de estómago que me llevaron a apreciar las tazas de té. El caso es que me encuentro en una lucha con mi cabeza, que se rebela contra la libertad mediante una migraña continua. Seguirá dando su guerra mucho tiempo, yo lo sé. Pero estoy aquí y quiero sentir el aire, disfrutar de la tila y de mi ropa nueva, floja, que oculta toda forma que pudiera ser atractiva. Rodeada de tela suave, de cuadros rojinegros, en la parte de atrás de una camioneta. Viendo el cielo, los labios quemados de té. Arriba, una ventana con cortinas rosas, con encaje. Sería tan bello mirar desde ahí, aunque fuera este mismo cableado que veo ahora y no un bosque. Sostengo la tacita, tan de porcelana, mientras pienso en todo esto.
Entonces la siento. Es intensa y casi me habla; la mirada curiosa de un hombre, desde otro auto estacionado. Realmente no puede creer lo que ve. Se alza las gafas para estar seguro, le sostengo la mirada. Tarde, recuerda que eso es grosero y se oculta en su auto.
¿Hay una forma más clara de sentir la otredad, que intentando verse desde fuera?
Y lo disfruto tanto. Mi pedacito de belleza antigua aquí, en compañía de una taza de baño, sobre esta camioneta. Mi ropa de tomboy, mi cabello despeinado, chocando con la belleza femenina que debería acompañar a una taza tan bellamente adornada como ésta. La expresión enjoy yourself se me aparece transparente.
     Pero también el frío. Hay un cuerpo que cuidar y amar. Un cuerpo triste porque, por mucho tiempo, creyó que nadie lo quería. Dejarlo llorar y quedarse acostado, hacerlo sentir mejor, abrazarlo todo lo que necesite, es mi deber.
  Entro. A un mar espumoso de cobijas tibias. Las lágrimas pueden esperar; por ahora sólo desearía dibujar todo esto. Mientras tanto, que las líneas que construyen cada una de estas letras sustituyan a los trazos que aún no sé hacer, que valgan por la memoria que tal vez un día pierda.

Ajena, lejana, extraña. Y amando serlo.

lunes, 10 de junio de 2019

Veneno

(Escuchando Historia de un amor, con Los Panchos)
(No incluir esto en el texto para el taller)

Era un hombre mirándose al espejo. Pero no. Lo que había frente a sus ojos era un mar negro y amenazante, incapaz de engendrar vida, porque a veces, en vez de agua, llevaba sangre. Y la sangre se electrificaba, bullente de odio, en una tempestad continua. Era todas las voces al teléfono, las de los muertos que nunca conoció, las de los vivos que se van y no regresan. Era, por completo, el concepto de melancolía, de soledad, de incompletud. A veces ni siquiera tenía color, a veces no había nada; vacío magnético, deseo de caer.
Era, millones de veces, la perversión y la culpabilidad, el dolor de llorar y las ganas de empeorar, la Muerte convertida en estrella guía. Era todos los excesos que había conocido y los que se imaginaba, el morbo continuo y el placer de llegar más lejos, más abajo.
Obviamente, también llegaba a ser las ganas de no mirar, de romper el cristal y terminar con todo. Pero tenía que saber, tenía que ver.
Era un hombre y ni siquiera eso, al final no se trataba más que de una niña mirándose en el reflejo de un auto. Insegura y banal. ¡Cuánta maldad puede haber incluso en esto, cuánto dolor en germen!
Digo que era porque ya no. Vio todo lo que era y lloró hasta ahogarse.
Ahogada y viva, tocó el reflejo; en una sola caricia puede estar todo el mundo. Se tocó. Ahora es un astro, una mujer, una canción.
Se hizo poema.

sábado, 23 de febrero de 2019

Sólo un día


Está mal romantizar los actos dañinos, violentos contra uno mismo o los demás. Lo sé de sobra. Sin embargo... carajo, cómo no iba a acordarme de esta imagen, a desvelarme hoy buscándola, si cuando le pedí ayuda me dijo que sí. No puedo pedir nada más, nunca. Ese día era lo que necesitaba. Que se quedara un poquito a escuchar cosas tristes una vez más, como ese 9 de mayo del 2016 en que yo no podía más que abrazarme las piernas y temblar; y él estuvo ahí y me ayudó a calmarme. Claro que el precio fue altísimo: par de morritos nerviosos en urgencias, Fernanda haciendo pendejadas una vez más. Pero me quedan esos ridículos minutos en la cabeza, en que le dije que éramos como este bendito cómic, el último cuadro. Siempre quise correr de la mano con él.
"A ver, la manita", creo que dijo, jajaja. Y yo con mis tonterías estilo La Bella y la Bestia de "si me muero, que bueno que al menos pude verte una vez más". Maldición, qué buen cierre para todo esto.
Lo que queda es irse diluyendo, despacito, mudo. Como agradecimiento por un recuerdo tan bonito como incorrecto: literatura de la que me gusta, en resumen.