sábado, 29 de junio de 2019

Memorias de una hipster involuntaria

(ficcional, como mi vida)
(spoiler: mala literatura, grafomanía)

Hay un mecanismo del cuerpo que convierte los sentimientos en sensaciones corporales, generalmente negativas: Somatización. Asimismo, existe un sentimiento en el que se extraña lo que no se ha tenido: Melancolía. Finalmente, tenemos la situación en que dos personas radicalmente diferentes se encuentran, y se asombran de que pueda existir alguien viviendo de esa manera: Otredad. (Definiciones para comenzar) 
 Probablemente no estaría en esta situación si no hubiera encontrado ese blog. Está lleno de fotos de bosques, de jardines pequeños con flores imposibles, y mujeres de belleza triste rodeadas de encajes transparentes, de vestidos antiguos. O tal vez igual lo estaría, con tantas películas de época en el historial, o con tantos dolores de estómago que me llevaron a apreciar las tazas de té. El caso es que me encuentro en una lucha con mi cabeza, que se rebela contra la libertad mediante una migraña continua. Seguirá dando su guerra mucho tiempo, yo lo sé. Pero estoy aquí y quiero sentir el aire, disfrutar de la tila y de mi ropa nueva, floja, que oculta toda forma que pudiera ser atractiva. Rodeada de tela suave, de cuadros rojinegros, en la parte de atrás de una camioneta. Viendo el cielo, los labios quemados de té. Arriba, una ventana con cortinas rosas, con encaje. Sería tan bello mirar desde ahí, aunque fuera este mismo cableado que veo ahora y no un bosque. Sostengo la tacita, tan de porcelana, mientras pienso en todo esto.
Entonces la siento. Es intensa y casi me habla; la mirada curiosa de un hombre, desde otro auto estacionado. Realmente no puede creer lo que ve. Se alza las gafas para estar seguro, le sostengo la mirada. Tarde, recuerda que eso es grosero y se oculta en su auto.
¿Hay una forma más clara de sentir la otredad, que intentando verse desde fuera?
Y lo disfruto tanto. Mi pedacito de belleza antigua aquí, en compañía de una taza de baño, sobre esta camioneta. Mi ropa de tomboy, mi cabello despeinado, chocando con la belleza femenina que debería acompañar a una taza tan bellamente adornada como ésta. La expresión enjoy yourself se me aparece transparente.
     Pero también el frío. Hay un cuerpo que cuidar y amar. Un cuerpo triste porque, por mucho tiempo, creyó que nadie lo quería. Dejarlo llorar y quedarse acostado, hacerlo sentir mejor, abrazarlo todo lo que necesite, es mi deber.
  Entro. A un mar espumoso de cobijas tibias. Las lágrimas pueden esperar; por ahora sólo desearía dibujar todo esto. Mientras tanto, que las líneas que construyen cada una de estas letras sustituyan a los trazos que aún no sé hacer, que valgan por la memoria que tal vez un día pierda.

Ajena, lejana, extraña. Y amando serlo.

lunes, 10 de junio de 2019

Veneno

(Escuchando Historia de un amor, con Los Panchos)
(No incluir esto en el texto para el taller)

Era un hombre mirándose al espejo. Pero no. Lo que había frente a sus ojos era un mar negro y amenazante, incapaz de engendrar vida, porque a veces, en vez de agua, llevaba sangre. Y la sangre se electrificaba, bullente de odio, en una tempestad continua. Era todas las voces al teléfono, las de los muertos que nunca conoció, las de los vivos que se van y no regresan. Era, por completo, el concepto de melancolía, de soledad, de incompletud. A veces ni siquiera tenía color, a veces no había nada; vacío magnético, deseo de caer.
Era, millones de veces, la perversión y la culpabilidad, el dolor de llorar y las ganas de empeorar, la Muerte convertida en estrella guía. Era todos los excesos que había conocido y los que se imaginaba, el morbo continuo y el placer de llegar más lejos, más abajo.
Obviamente, también llegaba a ser las ganas de no mirar, de romper el cristal y terminar con todo. Pero tenía que saber, tenía que ver.
Era un hombre y ni siquiera eso, al final no se trataba más que de una niña mirándose en el reflejo de un auto. Insegura y banal. ¡Cuánta maldad puede haber incluso en esto, cuánto dolor en germen!
Digo que era porque ya no. Vio todo lo que era y lloró hasta ahogarse.
Ahogada y viva, tocó el reflejo; en una sola caricia puede estar todo el mundo. Se tocó. Ahora es un astro, una mujer, una canción.
Se hizo poema.