lunes, 14 de noviembre de 2016

De algo nos vamos a morir

Para toda la familia de la casa verde, vivos y muertos.

Su padre siempre fue un hombre cruel, eso es lo que cuenta. Ella y sus hermanos, los que aun la visitan. También nosotros vamos, continuadores de la antigua tradición familiar de comer los sábados, todos juntos, en casa de la abuela.

     No estoy segura de su color actual, pero en mi mente siempre es verde; un verde menta oscuro que cubre todas las paredes y se ennegrece en las puertas. Tiene una construcción antigua, típica de las casas céntricas remodeladas en los setenta: la mitad es un patio alargado y la otra mitad habitaciones; una después de la otra, por dos pisos. Y en el piso de arriba un pasillo tan angosto como insegura es la reja (ya muy oxidada) que da al patio de abajo. Hoy ya son menos los cuartos habitados que los vacíos... de personas, porque yo estoy segura que hay mucho más (más qué, no podría precisarlo) en los cuartos sin ventanas que en la cocina o la sala, donde generalmente transcurren nuestras visitas.

     Pero lo mejor es el patio... al que se cuela el sol de la forma más agradable: directo en las primeras horas de la mañana y como resolana por la tarde. Cuando hacía calor y todos los tíos se llevaban bien, solían sentarse en las baldosas desgastadas y rojas a conversar, mientras yo observaba desde las escaleras, sintiendo el frío suave a través de mis shorts, con la mejilla pegada al barandal. 

     La locura senil del abuelo (del mío, no del de mi mamá) colocó primero un techo de lámina sobre ese patio, y después un montón de material de construcción para formar un techo sólido que aún no se concluye. Así que el sábado pasado lo que nos esperaba era un sitio lúgubre, oscuro y húmedo (no pararía de llover ni ese día ni el siguiente), y la notoria ausencia de algunas de mis tías, acentuando el frío. 

     En la cocina, aislada como todos los cuartos, brillaba una luz amarilla sobre los restos de la escasa comida y mucha botana, mientras la abuela decía que su padre siempre había sido un hombre cruel, que es a lo que quería llegar, por lo que me callaré y trataré de reproducir su voz, aunque bien sé que fuera de esa cocina será imposible. Sobre todo si hace sol.

Una vez me dijo que era así porque había sufrido mucho. Se compraba mangos petacones y les cortaba la pulpa, y elegía a uno de nosotros para quedarse con el hueso. No dejaba que mi madre nos cocinara lo que quisiéramos; siempre había que esperar a que acabara y llenarnos con las sobras. Yo por eso les cocinaba a mis hijos lo que querían. A tu mamá siempre la andaba persiguiendo el abuelo: "Estás rebuena, Susanita", "Te doy diez dólares si te cortas el pelo"... pero ella nunca le hizo caso. Y el día que llegó a la casa pelona, le dije: "Ya te lo cortaste de oquis". 

Me preguntó de pasada por "La Nájera", una tía que estudió mi carrera, y le conté que seguía fumando y leyendo.

Si... es el mal de los Ramírez, su hermano está igual. Esconde el cigarro cuando me ve, pero al final se ríe y me dice "Pues de algo me tengo que morir, tía". Igual mi papá, aunque él era menos elegante... me pedía comida y yo le decía que no, por la hipertensión -Ah que mi padre, tuve que ir a un año de terapia con Laurita para llegar al fondo de mi depresión, y era él-, para que me sonriera y, con su voz gruesa, soltara su típico: "Ay hija, de algo nos vamos a morir, y ni la mierda nos vamos a llevar". Y fíjate nada más, cuando se accidentó había comido atún y se hizo encima: ¡Vieras qué peste! A la pobre de tu mamá le tocó estar ahí, y cuando llegué estaba llore y llore, porque olía muy feo y las enfermeras no habían querido cambiarlo.

No puedo evitarlo, empiezo a reír. Pero en el fondo lo que siento es admiración e identificación, mi maña de contar desgracias propias como anécdota humorística queda plenamente explicada.

Se fue rápido, en nueve días... no sufrió. Cuando le pusieron en el cuello un rosario, él, inconsciente como estaba, se lo arrancó. Y yo, toda asustada y llorosa, le dije a Federico - el químico farmacobiólogo, el que vivió-demasiado-rápido pero a su manera, el dueño original de mis libros, el que se fue apenas días antes de que yo naciera - :"mira, se lo arrancó", y él, con enojó, me soltó: "Es que tu quieres que sea como en los cuentos de hadas, que todos se hagan buenos al final, y no es así".

     Me gustan las historias de antes de que yo naciera, tienen una cualidad mágica, a lo mejor por que no las viví, por que me las tengo que inventar. Y yo, que me reí de mi hermanita cuando le preguntó a mamá si se acordaba cuando todo era en blanco y negro, me doy cuenta que los recuerdos ajenos los imagino en sepia. Y pienso que todos los Ramírez tienen razón, de algo nos vamos a morir, ya sea con los vicios o gastándonos la vida demasiado rápido o ahogados de melancolía en esta casa verde, pero aquí algo va a quedar. Y cuando se cumpla el deseo de la abuela de morirse aquí, y aún cuando se hayan marchitado todas las flores que yo le quiero plantar y haya un terreno baldío o alguna casa nueva encima del terreno, si alguien pasa, sé con certeza que no le vamos a ser indiferentes.










miércoles, 10 de agosto de 2016

The Brokenlovers

<<Frankly, my dear, I don't give a damn>>
Gone with the Wind, Margaret Mitchell.
(Por favor, preste atención a la numeración)

1
Lo único que Scarlett se preguntaba, con el viento contra la cara y a toda velocidad, era cómo deshacerse de un fantasma. No puedes matarlo, por obvias razones, y tampoco puedes alejarlo o dejarlo por ahí, clavado a una estaca para que ya no te atormente.
-¿Por favor, puedes dejar de fingir que no estoy aquí? Mejor usa esa energía para ir más rápido.
Ya casi amanecía, y el sol comenzaba a asomarse como era su costumbre desde hace meses, apenas unos centímetros por encima de las montañas. Iluminaba una carretera aburrida, gris y sin curvas, muy tediosa de transitar. Pero era el único camino a la Ciudad, o al menos el único que Scarlett conocía. Iba sobre una enorme motocicleta roja, en la que lo más llamativo era el faro delantero, apagado en ese momento pero tremendamente brillante en caso de necesidad. Llevaba el cabello suelto, sin casco que lo resguardara, y un chaleco negro con las iniciales S. B. L. Agarrada a su cintura, entrecerrando los ojos para que no les entrara cabello, iba una niña pequeña, con la cara enrojecida del que llora constantemente. Su única ropa era un suéter que le quedaba demasiado grande, púrpura, con las iniciales O. B. L. bordadas. Había cierto parecido familiar, pero no eran hermanas. La pequeña le pertenecía a la grande, eso era todo.
-Scarlett, basta ya. Me harás enfadar. Te di un tiempo para que descansaras, pero es suficiente.
Tampoco podría lastimarla aunque quisiera, seguía pensando Scarlett. No sabría ni por dónde comenzar.
La pequeña comenzó entonces a cambiar su aspecto, de triste y calmado, a furioso. Con sus deditos exploró entre las costillas de Scarlett, y comenzó a apretar. Ella gritó, la luz pareció parpadear a lo lejos.
-Tú ganas, Ophelia. No eres más que una molestia y nadie entiende por qué sigues aquí, pero sigues.  Dime qué es lo que quieres.

2
De noche de nuevo. A oscuras la carretera era mucho peor, y si uno se distraía demasiado era fácil perderse y acabar en el mismo sitio después de horas de viaje. Regresar, en el tiempo no, pero en el espacio sí. Y el espacio sin tiempo, cíclico, confuso y fijo, es uno de los lugares más traicioneros que existen. Así que se detuvieron un momento, en la terracería bajo el cielo sin estrellas. Sin encender fuego, se habían acostumbrado al frío. Ophelia quería lo mismo de siempre, hablar.
-¿Crees que estén bien?
-No hables en plural.
-Pero...
-No. Ahora sólo es ella.
Con lágrimas en los ojos, ahora:
-¿Crees que Rita esté bien?
-Lo está. Me mandó una carta.
La chiquilla se paró de un salto, emocionada. Las lágrimas hacían sus ojos relucir a pesar de la luz escasa. Miró fijamente a Scarlett, haciéndole ver que se sentía traicionada.
-¿Puedes leérmela, por favor?
-No quieres eso. No te va a gustar. No habla de ti en absoluto.
-Dime de qué trata, entonces.
Scarlett parpadeó un par de veces, lentamente, sin querer abrir los ojos. Miró hacia la carretera.
-¿Recuerdas las últimas actualizaciones de Rita? Una de ellas era una misión, lejos, cuidando a un niño pequeño. No había hallado a ninguno, pero ya lo hizo.
Ahora Ophelia lloraba tranquilamente, limpiándose con las mangas de su suéter, sentada en el suelo. Hacía mucho que había dejado los berrinches y gritos atrás. Pidió ver la carta por sí misma, y la leyó con la poca luz del amanecer. Una y otra vez. Buscando...sin hallar. Luego se la devolvió a Scarlett.
-Tienes razón, Scar. Rita está bien.
Antes de subir a la motocicleta, una chiquilla con la cara hinchada y sucia de lágrimas le dedicó una gran sonrisa al aire, al viento que le alborotaba el pelo.

3
Jake nunca le agradó a Scarlett. Era demasiado calmado, parecía carecer de iniciativa y lo único que hacía era mirar y dibujar. Originalmente era el pequeño a su cargo, mientras que Rita se encargaba de Ophelia. Ambas-las grandes- se conocieron antes de que llegaran los pequeños. Fue en un bar, y ya desde entonces Scarlett llevaba su chaleco.
-¿S. B. L.?
-Scarlett Brokenlover, chica de metal. ¿Sabes lo que significa?
Los ojos de Rita brillaron de interés, a diferencia de todas las otras veces que Scarlett hacía esa pregunta. Contestó que no.
- "Rompe-amores", pequeña. Es la maldición de mi vida.
No era la primera vez que Scarlett hacía ese chiste horrible sobre su apellido. Sin embargo, ni Rita ni ninguna otra persona tuvo jamás la delicadeza de corregirla. Su inglés, y sobre todo sus juegos de palabras, eran pésimos, todo el que la conocía llegaba a saberlo. Nombres en inglés para personas que no lo hablan; peores paradojas tenía la carretera. Ahí estaba Rita para confirmarlo: chica robótica tomando en un bar. Literalmente.
 Luego aparecieron los pequeños -como siempre que se conoce a alguien en la carretera y se comienza a viajar con él, es inevitable que aparezcan-. Ambos adorables, uno de cada una. Y como es regla, una cuidaba al pequeño de la otra. Primero llegó Jake, escurridizo, tímido, pero demasiado grande para no verlo. Luego Ophelia, debilucha y llorona. Pero Rita era buenísima cuidadora, disolviendo berrinches y curando raspadas. Era fácil crecer con ella. En el pecho cargaba un botiquín, aún lo carga quizá, y todos, incluso la misma Scarlett, habían recibido su ayuda alguna vez. Era capaz de calentar unos grados su superficie, de suavizar su piel para arrullar a Ophelia, que en vez de un fantasma lloroso era una muñequita regordeta, mimosa como un gato y con una sonrisa de oreja a oreja en medio del rubor de sus mejillas.
En cambio Scarlett batallaba mucho para cuidar a Jake, básicamente porque era mudo. ¿Y cómo saber qué necesita alguien que no te lo pide? Sin hablar de las caídas y de los constantes regaños. Haz algo por piedad Jake, pareces como muerto. Te equivocaste de nuevo, Jake, quizá es que eres estúpido. Para Scarlett no había nada más aburrido que la sencilla y enorme camisa café que usaba Jake. Pero a él le encantaba. Y aunque Scarlett era de piel y no de metal, era difícil arrullar a Jake, mantenerlo calientito. Con culpa, muchas veces, pensaba que si Jake sobrevivía era sólo de milagro.
Y tenía razón, claro.

0
Se sentaban frente a frente, mirándose fijo. Ella hablaba cada vez menos, iba contagiándose del silencio natural de Jake. Sostenían sus manos, y a Ophelia se le humedecían los ojos. Jake la calmaba con esa forma tan particular que tenía de hacerlo, y Rita y Scarlett miraban maravilladas. Luego él soplaba suavemente sobre el rostro de ella, cerrando los ojos, y la sonrisa de ella era lo más radiante bajo el sol, sólo comparable a las pestañas de él cuando volvía a mirarla.

4
-Nunca quieres hablar de Jake.
-No tengo nada que decir al respecto.
-Ya sé que no te agradaba, pero al menos debías quererlo un poco.
No hubo respuesta, sólo el atardecer enfriándose. Llevándose la luz. Más velocidad. Esto tenía el aspecto de trampa, de una de esas vueltas equivocadas que te regresan todo un día de viaje.
-Scar, ya sé lo que eres... lo que somos. Lo leo todo el tiempo en tu espalda. Pero no creí que fueras tan fría después de lo que pasó con Jake.
Sólo un estremecimiento por el frío.
-¿Fue un accidente, verdad? No lo hiciste por crueldad. Scarlett, dime algo. Lo que sea.
La motocicleta frenó de golpe, impulsando a las dos hacia adelante. A media carretera, con tan poca luz que no podían verse la una a la otra. No había peligro de que las arrollaran, nadie más pasaba por ahí. El cabello le cayó sobre los ojos a Scarlett, que agachó la cabeza.
-Nunca fui buena para cuidarlo. Rita se la pasaba diciendo que era ella la que no podía contigo, pero siempre fue al revés. Quizá lo decía para que yo reaccionara. Lo que ustedes no entienden, lo que nadie parece entender, es que de veras trataba. Con toda el alma. Pero ese mocoso aburrido siempre fue el que se encargó de mí. Y la culpa que siento por haberlo dejado morir es tan pesada que se lleva la luz. Está el sol, ahí frente a nosotras, pero no lo veo.
-¿Lo extrañas tanto como yo, verdad?

Por primera vez en meses, Scarlett rompió a llorar.

4.5
Ninguna de las dos sabía hacer fuego, pero Scarlett cargaba un encendedor. Después de la fogata, encendió un cigarrillo. Fumar también era un hábito abandonado, pero la ocasión lo ameritaba. Se sentaron debajo de una gran roca, dentro de una cavidad que parecía una casita.
-Sí, Ophi, extraño muchísimo a Jake. Era especial, la mejor compañía que he tenido. Pero está en mi destino, ¿Sabes? En el nombre. Scar-let, Let-scar, dejar-cicatriz. Marcar. Lastimar. Pero no puedo llorar por él, bueno, no había podido hasta ahora, tengo una sensación molesta cuando recuerdo...
Ophelia abrió mucho los ojos.
-Yo siento lo mismo. Que necesita mi ayuda. Pero cómo va a necesitarla, si está...
-Muerto. Lo está. Rita no miente.
-Ella siempre hace lo correcto, y si mentir es lo correcto...
-¿De qué le iba a servir, Ophi? A ella también le dolió.
-Bueno, cuando llegaron sus actualizaciones... no nos ceguemos, Scar. Parecía querer irse. Incluso te portaste mejor para evitarlo, pero irse era lo correcto para ella desde entonces.
-Esa mierda de actualizaciones...
-Tarde o temprano llegarían, y lo sabemos.
-Para ser lo que es, resultó más cambiante incluso que tú y yo.
Se quedaron calladas unos minutos, contemplando las estrellas. Las pocas que Scarlett alcanzaba a apreciar. Pero verlas significaba que su luz era muy potente, y la alegró saber que había brillos capaces de atravesar sus tinieblas. Aún.
La niña volvió a hablar.
-Si lo correcto para Rita era irse, Jake no podía seguir vivo. O no sería correcto que se fuera, ¿me entiendes?
-¿Qué insinúas?
-Que Rita... lo mató.

.5
Rita y Scarlett no estaban en los mejores términos, y por una noche habían accedido a dormir lejos. Rita sola, pues seguía actualizándose, y Scarlett con ambos pequeños. Era mucha responsabilidad, pero ella estaba intentando mejorar. Sólo dormitó un poco, y cuando despertó, Jake no estaba. Eso era raro porque en los últimos tiempos había sido un dormilón que no quería hacer nada, y un motivo de ansiedad porque hacía mucho que no dormían separados,ella y Jake. Así que Scarlett fue a buscar a Rita. Le preguntó si sabía algo de Jake.
- Está muy enfermo. Duerme todo el día.
-¿Enfermo? No, sólo cansado, no le gusta que discutamos.
Rita le dió la espalda a Scarlett, parecía no poder hablar. Su habitual ronroneo suave hoy sonaba como una máquina esforzándose demasiado. La inscripción grabada en su nuca, "HAZ LO CORRECTO, SÉ FELIZ CON ESO", parecía brillar por la luz de luna, una luz mucho más brillante que los soles subsiguientes.
- Aparecerá. Scar. Pero ahora tengo algo que decirte, qué bueno que viniste. Terminé con mis actualizaciones, y me mandan a buscar a otro pequeño. Alguien más para cuidar.
-¿Y Jake?
Empezaba a oler a quemado, y esta vez Rita tardó minutos en responder.
-Jake es fuerte, está bien. Las actualizaciones, Scarlett. Lo correcto lo correcto lo correcto.
-Ritz, cálmate. Estoy aquí.
-Estás aquí. Estás.
-Ritz, vete. Vete para siempre.
Silencio. Un clic en lo profundo de Rita.
-Sí. Adiós.

4.6
Acto seguido la niña le contó a Scarlett la pesadilla que la había estado atormentando noche tras noche: Jake encadenado a la orilla del camino, débil y moribundo, pidiéndole ayuda. Cuando ella se acercaba, Rita le impedía el paso, gritando NO ES CORRECTO NO ES CORRECTO NO ES CORRECTO.

.6
Scar.
Me alegro de que contestaras mis cartas, estaba casi segura de que no lo harías. Ya que me preguntas, estoy muy bien, sólo fue un cortocircuito pequeño pero nada grave. Cumplo mi misión ahora. 
No quisiera tener que contestarte respecto a Jake... pero se quebró, es todo. No aguantó el frío, las caídas de la moto. No te disculpes, ya no importa. Sólo es algo muy triste que pasó.
Respecto a Ophelia, no es de mi incumbencia y no creo que pueda darte consejos sobre ella, pero creo que tú y yo sabemos lo que debe pasarle. Es lo mejor. ¿Qué vida le espera, sin Jake?
Claro que puedes llamarme Ritz todavía, pero es tu decisión.
R.

5
Las cadenas eran iguales, los ojos de Jake eran lo único que se movía de su cuerpo, pero esta vez era Scarlett quien debía salvarlo. Pedía ayuda a gritos silenciosos, llorando. Pero Scarlett no era una mocosa, ella podía sacarlo de ahí y respiró aliviada al saberlo. Corrió hacia él, ansiando cargarlo, devolverle el favor...

.1
Scarlett Brokenlover era una experimentada de la carretera, sobre todo conduciendo de noche. No era agradable, pero estaba acostumbrada. El camino que seguía probablemente terminaba en un abismo, pero lo aceptaba con resignación. Incluso con cierto placer, acelerando más y más, en completa oscuridad, fumando como chimenea cuando paraba.
Hasta que Rita le dio el faro, le habló de reglas de seguridad. Juntas hallaron esa carretera grande y ancha, que lleva a la Cuidad Amurallada y está repleta de sol.
Pero había noches, a pesar de todo. Siempre las hay. Y el faro se quedaba sin batería de vez en cuando.
Entonces podríamos haber visto a Scarlett conduciendo casi sin ver, cargando a un niño pequeño que la miraba con adoración, sosteniéndolo con mas fuerza de la cuenta, sonriéndole sin vergüenza en ese momento secreto. Recién curada de alguna caída por Rita. Con el faro parpadeando, por todos los arreglos que Jake trató de hacer. Y yendo a toda velocidad, esta vez no para llegar al abismo.
Para salir de la oscuridad, los dos.

5.5
...y Rita se interpuso. Sin decir nada, claro, ambas sabían. Scarlett reconoció el lugar, ahí habían estado la última vez que pelearon.
-Por favor, debe haber una manera...
-No la hay. Ya no.
Entonces Scarlett vio que Rita sostenía una pistola, que apuntó hacia Jake.
-Ritz, no. Nena, por favor, todo menos eso.
Se oyó un disparo, y Jake cerró los ojos. Se disolvieron sus cadenas, y cayó de lado, su cabecita sobre sus manos juntas, como si rezara. Como si estuviera sólo...
-¡No!
Scarlett se levantó de un salto, cargó a Ophelia y aceleró.


6
-Lo vi. Nos necesita. Espero que no sea tarde, Ophi. Esta estúpida luz no quiere encender, agárrate fuerte.
En la parte de atrás de la moto, la pequeña rezaba.

Llegaron muy rápido, una de las ventajas de la carretera engañosa. Y ahí estaba, el cuerpo diminuto de Jake. Con mucha calma intentaron reanimarlo, pero
-Está muy frío, Scar. Lleva aquí demasiado tiempo.
-Me tardé demasiado en darme cuenta, como siempre. Pobre pequeño bebé.
Scarlett le limpió la cara de tierra, y Ophelia le quitó su camisa café, sustituyéndola por su propio suéter.
-Por si hace mucho frío por aquí. No soporto la idea de que tenga frío, él que era pura calidez.
En la mano tenía un papel doblado. Era un dibujo, y Scarlett lo tomó y lo guardó. Lo acostaron en el suelo, con una roca como almohada, y se sentaron frente a él en silencio, hasta que la tierra frente a ellas se encharcó.
-La odio. Nos traicionó.
-Ophi...
-Es una puta traidora.
-Ella nunca haría eso.
-Se traicionó ella misma. Al maldito carajo lo que le mandaban sus actualizaciones, su lugar era aquí. Se hubiera...
-Se estaba esforzando, Ophi. Quizá más esfuerzo la hubiera roto, ¿Eso te gustaría?
-¡Sí! ¡Que se hubiera roto por nosotras, con nosotras! ¡Por Jake! Eso es lo que debe hacerse, ¿no? Es lo que habrías hecho tú.
Scarlett la tomó por los hombros y la sacudió con fuerza.
-¡Deja de engañarte, Ophelia, tu no puedes odiar a Rita! ¡Las dos preferimos que se haya largado!
Ophelia cayó de espaldas. No se movió. Parecía dormida.

7
Dormida como Jake. Jake parecía dormido al final de la pesadilla, y ya no había cadenas ni estaca ni nada. Sólo un niño muerto por hipotermia y recuerdos de esa noche, de no querer ver. Más atrás, de Jake durmiendo casi todo el día, débil. Antes de ir a hablar con Rita, lo encontré. En el brillo de los ojos de ella estaba su cadáver, y para que no lo viera me dio la espalda. Yo vi sin ver, ciega antes incluso de las tinieblas de mis ojos. ¿Cuántas veces no habré pasado junto a su cadáver fingiendo que era otra cosa? Una sombra, una pesadilla inmóvil.  No hay pistola ni prisioneros ni nadie a quien salvar. Sólo un niño muerto por negligencia.

6.5
-Tienes razón, no puedo odiarla. Es imposible, aunque haya cometido esta atrocidad, ella es importante, me hace feliz cuando es feliz...
Ophelia se cubrió la cara con las manos, avergonzada. Scarlett parecía como ida.
-Fui yo.
-¿A qué te refieres?
-Ophi, yo lo hice. Exactamente como Rita me dijo. No lo cuidé bien. Fui yo.
Hay carreteras muy oscuras, pero no había absolutamente nada en la negrura en la que cayó Scarlett.

7
...algo muy triste que pasó...
7
algo
7
muy triste
7
Que pasó.

8
El Sol estaba casi a la mitad sobre el horizonte, todo un récord. Scarlett y Ophelia reanudaron la marcha, la segunda vestida ahora con la camisa de Jake.
Las dos recordaron.
Las veces que Jake sonreía.
Cuando sorprendió a Scarlett con el dibujo.
Cuando las miraba a las dos, y se dilataban sus pupilas y no era necesario que hablara porque todo era obvio en sus ojos sonrientes.
Cuando sí era necesario para él hablar y se desesperaba por no poder.
La única vez que Rita estuvo en un apuro, y entre los tres la sacaron.
Cuando Rita se concentraba en algo y él la distraía, le exigía que volviera con ellas. La obligaba a quedarse, a esforzarse.
La luz diluida de un crepúsculo real tras una ventana lejana, el olor a shampoo y un "viniste" emocionado, y luego el hechizo dulce lento y la magia real.
Jake y Ophi tomados de la mano, flotando casi, como estrellas gemelas en un baile que debía haber sido eterno.

8.5
 El camino se iba haciendo mucho más luminoso, quizá por el reflejo de las puertas de cobre que estaban cerca, y la última trampa había quedado bastante lejos.
-Cuando lleguemos ya no vamos a poder recordar, ¿verdad?
-No que no podamos, pero creo que no habrá tiempo.
-Entonces sería bueno que contestaras la carta de Rita de una vez, antes de llegar.
Se detuvieron a un lado del camino, sin bajar de la moto. Scarlett sacó pluma y papel y se quedó mirándolos fijo.
-Pregúntale si está...
-Está bien, Ophi. Eso ya lo sabemos. Y tu cállate que Rita te cree muerta.
-No va a escucharme, soy buena escondiéndome.
La niña sonrió, traviesa.
-No sé qué decirle, te lo confieso. Estoy en blanco. Ella está bien, yo estoy bien, tú no estás...
Los ojos enormes, traviesos, de Ophelia, brillaron.
-Háblale de la Ciudad.

8.6
-¿Estás diferente, Ophi?
-Me cambié de ropa.
-Algo además de eso, tonta. Te ves...
-¿Deshinchada? Perdí la práctica de llorar.
-Más bonita. Desde que dejamos a Jake.

8.7
-Scar, tengo que decirte algo. Pero no me mates, por favor.
-Como si pudiera.
-Brokenlover significa "amante roto", no "rompe amores". Es una vergüenza que no lo sepas.
-Ahora lo sé. Como sé que no eres un fantasma.
- ¿Cómo estás tan segura?
-Ningún jodido fantasma aprieta las costillas tan fuerte.

9
El brillo del cielo había comenzado a broncear a Scarlett y a Ophelia, que incluso empezaban a quejarse del calor. Pero no las culpen, es muy sencillo olvidar el frío. Natural.
Scarlett aceleró cada vez más, hasta que tuvieron enfrente, como un punto pequeño, las puertas de la Cuidad.
-Ophi, pásate para adelante. Haremos un truco.
Con malabarismos que sólo un niño pequeño puede hacer, Ophelia hizo lo que le pedían. Luego esperó.
-Tienes razón, es una vergüenza llevar escrito algo que no es verdad.
-Yo no dije...
-Shh. Así que al diablo.
Scarlett desabotonó poco a poco su chaleco, sonriendo un poco más con cada botón, dirigiendo la moto sólo con las piernas. Ophelia sostenia el manubrio, con toda la seriedad del mundo. Scarlett aceleró, y abrió los brazos, echándolos hacia atrás, junto con la cabeza. Gritó.
En la carretera sólo quedó un viejo trozo de tela con las iniciales S. B. L., y polvo revuelto por el viento.



Epílogo 
-Scar, quiero una amiga, a una amiga y a su hermanita. Que salgamos a pasear por la Cuidad... que estén ahí para cuando me vaya por fin. ¿Crees que puedas llevarnos a todas?
-Muñeca, esta moto es más grande de lo que crees.


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Ya dos años de haber escrito lo que, probablemente, sea mi cuento favorito en el mundo. Si llegaste hasta aquí, muchísimas gracias. Si no entendiste nada... bueno, creo que ayuda pensar en los niños como el amor que Rita y Scarlett hicieron nacer la una en la otra, y en la Ciudad Amurallada como el futuro. Entender lo demás requeriría hablar más de mí que de este cuento, abrir la motocorazón otra vez. En fin, ojalá no lo hayas odiado; bulle de amor por todas partes.

FunFact: Al momento de escribir la historia, no tenía idea de que existiera una
Ciudad Amurallada real, ni que fuera locación de una obra de García Márquez...
ni que fuera a visitarla alguna vez. 


viernes, 3 de junio de 2016

Lleva la cuenta

Finalmente había regresado a mi santuario, a mi diminuto hogar dentro de mi hogar. Había sido un día cansado dentro de otro mes cansado y todo lo que quería era dormir, unirme en estrecha comunión con mis queridas almohadas, pero el frío lo hacía muy difícil.
Comenzaba a llover nuevamente, fuerte y tormentoso, y me era mucho más difícil, por ello, dejar de pensar. Me preguntaba si esa tormenta no era el indicio de un gran sufrimiento ajeno... relacionando fenómenos naturales con emociones, como la humanidad ha hecho siempre.
Un ruido fuerte me sacó de mis ensoñaciones, los truenos habían comenzado. Y con ellos el juego; ves el rayo, cuentas los segundos, adivinas si se aleja o se acerca la tormenta.
Rayo.
Uno, dos, tres.
Trueno.
Por alguna razón, la lluvia sonaba demasiado clara, demasiado dentro de mi habitación. No sería esta la primera vez que dejaba la ventana abierta, lo peor que podía pasar era que se mojara la constelación de recuerdos que tenía atados a las cortinas, pero ninguno resentía la lluvia. Un rayo impresionante, descomunal, me cegó, justo cuando miraba a la ventana.
Uno, dos, tres...
Me sobresaltó más que el sonido de los truenos, y eso que soy muy sensible a los ruidos fuertes. Como esas imágenes que tienes que mirar fijamente y luego parpadear para verlas "en positivo", sólo que no abrí los ojos.
Las gotas empezaron a escucharse mucho más fuerte, casi como un chapoteo. Luego se detuvieron. Pensé en lo fuerte que sería la tormenta dentro de poco.
Cinco, seis, siete...
Otro de mis juegos nocturnos es estar despierta y cerrar los ojos, intentando ver a pesar de la oscuridad. Después de un rato, formas fosforescentes aparecen, en el escenario vacío que dentro de poco ocuparán los sueños. A veces, si veo alguna película realmente aterradora, ese escenario negro forma alguna cara, en lineas brillantes, y tengo que abrir los ojos.
Algo se estaba formando en mis párpados. Veía únicamente el resplandor del rayo, sí... pero circular, y su origen no estaba en el cielo. Venía directamente de fuera de mi ventana. La cual, ahora recordaba, había cerrado desde la mañana, para que no entraran los insectos.
Diez...once...doce...por favor, por favor...
Abrí los ojos y me puse a parpadear, mirando al techo... donde lo que se formó fue una cara sonriente, sosteniendo en sus manos algo parecido a un celular, y apuntando con el flash hacia mí.


viernes, 6 de mayo de 2016

Una palabra



<<¡Espera hijo! ¡El mundo tiene una palabra para esto!>> 
Taboo, una de tantas películas.

Primero fue tan lindo tenerlo. Rendirme a él, renunciar a los demás hombres. Con su ternura, su sonrisa traviesa, con todo lo que la infancia le daba de atractivo. Su carita suave. Mi pequeño. Ya saben, siempre fue travieso. Antes, tenía toda mi vida arreglada, trabajaba y con el dinero ayudaba a mi mamá, salía a fiestas, tenía amigas, y más de una docena de novios, no a la vez, claro... o casi nunca. No pensaba mucho en el futuro, en realidad nadie que conozco lo hace a los veinte años, y eso vuelve las cosas mucho más encantadoras, una sorpresa constante. 
Unas dos o tres casas después de la nuestra, en unos condominios muy pobres, vivía una de las vecinas con las que más hablábamos mi mamá y yo, doña Cleotilde. Dejamos de frecuentarnos tanto cuando ella se juntó con un hombre, un borracho y adicto, pero nunca dejamos de saludarnos ni de tener alguna plática ocasional en la tienda. Pasó lo que tenía que pasar, doña Cleo tuvo un bebé, era una niña preciosa, morena y muy pequeñita, de verla me daban ganas de una a mí también, a pesar del padre, que de todas formas era lo menos importante. Yo trabajaba, yo sabía hacerle de todo a un chiquillo, para lo único que necesitaba hombre era para que me lo diera. Obviamente jamás le contaba cosas así a mi mamá, de por sí cuando la Cleo me encargaba a su nena para irse detrás del papá ya me decía que era meterme en problemas innecesarios, que no iba a descansar bien y no podría levantarme temprano. Al final tuve que negarme a cuidársela. Poco tiempo después, una de las noches en que más sueño tenía, calentaba agua para mi café, cuando alcancé a oir un llanto muy fuerte. No había mas bebés cerca, tenía que ser la de Cleo. Fui a su casa, donde la puerta estaba entreabierta, y allí estaba la muñequita, llena de mocos y con el pañal sucio desde hacía muchas horas y morada de tanto llorar. Ni siquiera estaba sobre la cama, se había caído al espacio que había entre la base y la pared. A mi mamá no le hizo nada de gracia que me la llevara, pero simplemente no podía dejarla ahí. Ya limpia, sin hambre, dormidita... pocas cosas, antes o después, las quise, las deseé tanto. 
No quiero acabar de contar esta historia, pero es necesario. Es una de las razones que me convenció de tener a mi pequeño. No es nada que no se pueda imaginar, se repitió la escena dos o tres veces, en la mañana llegaba Cleo y me daba las gracias, muy apenada. Al final se fue a otro estado, siguiéndolo a él, y en menos de un año nos llegó la noticia de que se le murió su nena. Todavía me acuerdo a veces, mientras cocino, mientras ordeno un poco mi casa, y me vuelven a sonar las palabras de mi madre en la cabeza, se me aparecen como verdades implacables aún ahora que sé que no son ciertas. Que está mejor así, que nada bueno le esperaba si crecía. Cosas iguales o peores que a sus papás. Que yo no podía  hacer nada, que no iba a aventarme y que la gente hablara mal de mí por una nena que no era nada mío. 
Puede sonar anticuado pero me da vergüenza entrar en detalles, incluso ahora que hablo de todo. Sólo digamos que sí, yo no le tengo miedo a nada y nunca me echo para atrás y en una de esas... ya estaba, podía tener a mi pequeño. No voy a negarlo, me asusté, pensé en irme y seguir sola, pero mi madre, cuántas veces no he de mencionarla, me hizo entrar en razón. Hay cosas que simplemente uno no puede negar, ni siquiera con la verdad de su lado. Y vamos y actuamos como se debe. 
Pero esta no es una historia triste, y tampoco es que me arrepienta. Fue muy divertido verlo crecer y aprender, estar con sus amigos y solapar sus travesuras. Cuando llegaron sus hermanitos fue la mejor época de mi vida. Era el hermano mayor, tan responsable, tan juguetón, un niño a pesar de su edad. Se los llevaba a los tres a todos lados, y a pesar de mi trabajo a veces me contagiaban su entusiasmo y los seguía. Los veía correr tras la pelota, perseguirse, pelearse. Los cuidaba, les daba de comer, día con día me iba quedando bajita al lado de ellos. Mi pequeño ya no estudiaba, en realidad nunca le gustó, pero sus hermanitos sí. Él y yo trabajábamos para darles todo. Realmente, aún ahora, todo eso me parece una bendición.
Él le llevaba varios años a sus hermanitos, y, como había sido desde el principio, dormíamos juntos. Nunca me molestó ni vi nada malo en ello, me gustaba mucho. Mi pequeño siempre me quiso mucho, y yo a él. De hecho él me quiso primero, tan imposible como suene. Siempre ha sabido lo que quiere. Todavía... aunque ya no pueda dárselo. 
Ése fue el problema, quizá. No lo que no pudiera darle, sino lo mucho que me quería. Hombre al fin y al cabo, bastó un accidente para que me dejara. Iba en carretera con un amigo suyo cuando chocaron. Su amigo no sobrevivió, y dejó a una esposa desconsolada. Él se sintió responsable. Se encargó de ella, primero de consolarla y luego de ocupar el lugar de su esposo. Me lo negaba, pero yo los vi. Me rompió el corazón, pero yo no soy de las que van y lloriquean, yo me enojé y lo corrí. Ya era grande, podía arreglárselas solo por más que lo fuéramos a extrañar sus hermanitos y yo. Ahora pienso que hubiera sido lo mejor que se fuera, que ahí acabara esa etapa de nuestras vidas, que eso era algo que él necesitaba para madurar. Pero yo ya era madre, y lo único más importante para mí que educar a mis hijos, que ayudarlos a madurar, era no dejarlos solos. Lo habría dejado volver incluso sin que prometiera no volver a verla, no volver a ver a ninguna otra. Al fin y al cabo, era mi pequeño, sólo mío, y yo lo quería demasiado como para dejárselo en charola de plata a cualquiera. 
Fue más fácil con sus hermanitos, que se fueron después, y prácticamente de golpe. Tampoco me dio demasiado gusto al principio, pero era diferente con ellos. Ay, sus hermanitos. Muchísimo de lo bueno y de lo malo que hacen es debido a él. Ahora pasa algo raro, son mayores que su hermano mayor, y no podría darme más gusto. Porque mi niñito no crece, creo que fue culpa mía. Quiero decir que es grande y todo, y hace lo que todo adulto, pero no crece. Es capaz de ir y mentirme y meterse en los congales mas asquerosos, pero no es capaz de avanzar. Siempre será un niño, un niño con demasiado poder, triste por el pasado, por sus propios errores y los de su origen. Muchas veces me he preguntado si no hace todo esto por autodestruirse, si no parará de dañarse hasta que lo logre. 
Pero es mi niño, depende de mí, y aunque me rompa una y otra vez, me quiere muchísimo, casi tanto como yo lo quiero...


....Como yo lo quería. 

Somos viejos ahora, y sé que jamás lo dejaré, pero por fin he podido decir basta. Le entregué muchas cosas, dejé de ser mujer para ser sólo una madre durante casi cincuenta años y eso no volverá, pero ya no más. Ya nunca volveré a compartir una cama conyugal con alguien que, para fines prácticos, pocas veces fue más que mi hijo.