viernes, 3 de junio de 2016

Lleva la cuenta

Finalmente había regresado a mi santuario, a mi diminuto hogar dentro de mi hogar. Había sido un día cansado dentro de otro mes cansado y todo lo que quería era dormir, unirme en estrecha comunión con mis queridas almohadas, pero el frío lo hacía muy difícil.
Comenzaba a llover nuevamente, fuerte y tormentoso, y me era mucho más difícil, por ello, dejar de pensar. Me preguntaba si esa tormenta no era el indicio de un gran sufrimiento ajeno... relacionando fenómenos naturales con emociones, como la humanidad ha hecho siempre.
Un ruido fuerte me sacó de mis ensoñaciones, los truenos habían comenzado. Y con ellos el juego; ves el rayo, cuentas los segundos, adivinas si se aleja o se acerca la tormenta.
Rayo.
Uno, dos, tres.
Trueno.
Por alguna razón, la lluvia sonaba demasiado clara, demasiado dentro de mi habitación. No sería esta la primera vez que dejaba la ventana abierta, lo peor que podía pasar era que se mojara la constelación de recuerdos que tenía atados a las cortinas, pero ninguno resentía la lluvia. Un rayo impresionante, descomunal, me cegó, justo cuando miraba a la ventana.
Uno, dos, tres...
Me sobresaltó más que el sonido de los truenos, y eso que soy muy sensible a los ruidos fuertes. Como esas imágenes que tienes que mirar fijamente y luego parpadear para verlas "en positivo", sólo que no abrí los ojos.
Las gotas empezaron a escucharse mucho más fuerte, casi como un chapoteo. Luego se detuvieron. Pensé en lo fuerte que sería la tormenta dentro de poco.
Cinco, seis, siete...
Otro de mis juegos nocturnos es estar despierta y cerrar los ojos, intentando ver a pesar de la oscuridad. Después de un rato, formas fosforescentes aparecen, en el escenario vacío que dentro de poco ocuparán los sueños. A veces, si veo alguna película realmente aterradora, ese escenario negro forma alguna cara, en lineas brillantes, y tengo que abrir los ojos.
Algo se estaba formando en mis párpados. Veía únicamente el resplandor del rayo, sí... pero circular, y su origen no estaba en el cielo. Venía directamente de fuera de mi ventana. La cual, ahora recordaba, había cerrado desde la mañana, para que no entraran los insectos.
Diez...once...doce...por favor, por favor...
Abrí los ojos y me puse a parpadear, mirando al techo... donde lo que se formó fue una cara sonriente, sosteniendo en sus manos algo parecido a un celular, y apuntando con el flash hacia mí.


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