domingo, 10 de diciembre de 2017

Cantera pérdida

Perdida en la cantera, también
perdida, perdida
fría
libre en camino entre rocas oscuras y viejas
rocas
rocas en la mañana, también
raíles, raíles
y el sol y
piernas aire tela desgarre para como siempre
frío, hielo
dolor
ardor, quemazón y ahora miedo.
¿Me rompí el pecho?
Corrí, pero, ¿Me...
(Recuerdo un ejercicio viejo de teatro en el que corríamos hasta desfallecer y luego nos tirábamos al suelo, y una voz diciendo que ese pulso desbocado, esa respiración agitada y ese ardor en la garganta eran nuestro cuerpo vivo, que lo sintiéramos. Frente al tren, esa bestia de metal que frenaba y seguía, frenaba y seguía, después de haber corrido a su par, yo estaba completamente viva, lo sé. ¿Vivir es dolor y miedo? A veces. Ese día viví con mi pecho.)
Volvamos a
las pérdidas perdidas
a mi perdición deseada
a deseos de perder sangre
la mía y la de otros. Piérdete.
Volvamos a la roca.
¿Cómo aprendes a volver, si no quieres saber dónde estás?
(Pues preguntando. Pregunté y pregunté, me equivoqué todas las veces hasta que llegué a donde debía; a mi casa. Dirán que ya ni es verde ni es mi casa... pongo a mis sueños de testigo. Casaverde está justo en el corazón de las rocas viejas. Amo sus alrededores sucios, su gente malencarada y vulgar, su cercanía a la belleza colonial y sus secretos familiares. La amo de afuera hacia adentro y viceversa. De forma irracional y materialista. E incluso, bien lo sé, de forma poco correspondida. Pero me permite quererla y nos juntamos, yo la arreglo en lo que puedo y ella me esconde desde siempre, me contagia su melancolía y nos vamos mezclando hasta que ella se entibia en un punto y yo huelo a encerrado.)
Primera parada entre Roca y yo: Casaverde,
donde no tienes que ser nadie.
Ya todos fueron, ya pasó el tiempo.
Los años quedan afuera.
Niña, paseo en su frío
-frío diferente-.
Es tan grata la melancolía.
Nadie espera de ti cosa alguna.
Este mundo los dejó ya:
"Abandonad toda esperanza" es lema.
Se vive, así. A lo Gabo. Es bello. Es viejo.
Miento -nadie me culpa-.
Llevo mi llama dentro, diminuta y verde.
Con golpes de risa fácil espero un milagro u otro.
Después de todo, verde es la casa.
O lo era, que es igual.
Mi llama es tan fuerte que rompe el tiempo.
(Otra mentira, pero leve. No digo que ya no tenga esperanzas en Casaverde, sino que me iré de aquí y ya no estaré para llevarlas cada sábado. Igual no he estado haciendo un gran trabajo estos meses, igual está bien que me vaya. Todo este texto es una búsqueda de lo que perdí ayer, mientras vagaba por el Centro dos, tres, creo que cuatro veces, y no me desorienté ni en una sola ocasión pero dejé de ser yo.)
Visita a la Roca: trágame.
Secuéstrame, asáltame, viólame, piérdeme.
No merezco el oriente de la costumbre.
Más el logro, y el puente, y los trenes encima.
No pedí mi deseo, ya veía el Montecillo.
¿Deseo...?
Convertirme en una flor para cada uno de mis amigos.
Aliviar las penas de cada ser desdichado sobre el mundo.
Sacarle una sonrisa a cada persona con la que me tope.
Ser una bella fuente de felicidad en mi familia.
y
(pero es lo de menos)
Un poquito de calor. Pero en el alma, justo en la soledad acuciante que me quema y me orilla a gritar de dolor cuando me doy cuenta que hay días que nadie pero nadie contesta el teléfono y que no es que no me hayan comprendido nunca sino que no les importa y que ahí fuera no hay un caballero de armadura reluciente esperando recibir mis abrazos y besos, impaciente por hacerme feliz y darme pláticas largas, noches de insomnio, uniones mágicas, intensidad y Esa Otra Vida que no duele, que sospecho nada más... o si no en los pies, que tengo muy mala circulación y ni el más grueso edredón ayuda.
No pedí mi deseo.
Hace un tiempo que no deseo nada.
No estorbarle a los otros, quizá. 
Un beso de amor verdadero.
Ilusiones que no sean infundadas.
Nada.
No soñar con rostros con los que no debería.
Mejor, no soñar.
Superstición, endeble religión
como sea. No creo.
Hay más verdad en la energía de estas piedras
que en mis ruegos a una hora o a un tren.
¿Acabas?
Acabo. 
Trenes cantera heme aquí
carne de cañón
pendeja asaltable matable
Miren mi agua salada
mi medusa horrible
mi rictus de susto
mi lento correr.
Llévenme a salvo
que no salté del puente del mercado.
¿No ven
que no me quiero dejar de sentir?
Heme aquí en calles viejas
oscuras, secretas
encerradas cual mi casa
¿Eres toda mi casa, antiguo Centroverde?
Tu viento libera
congela horrores
pero también guía,
¿Verdad?
Dos incipientes décadas
te ofrezco en comparación
pero nos bastan;
nos conocemos. Ayer entendí.
Y yo, Rayueliana tonta, 
queriendo perderme en París.
Con este microcosmos de cafés
edificios calles secretos amores
a la vuelta de mi casa.
¿Qué perdí en tu centro, Centroverde?
Mi dolor sigue aquí
mi amor que duele, también.
Te quedaste con mi miedo
terror pánico infantiles
a perderme, a morirme
a dañar mi cuerpo inútil, a enfermarme
a preguntar por calles, a caminar en la noche
a crecer, un poquito. 
Lo que sigue es que me pierdas tú a mi. 
Hasta siempre, centro, casa, calles, amigos, todos;
deseo, por una vez,
ser lo que se pierde en vez de la que pierde.





viernes, 8 de diciembre de 2017

Centro de nieve

Well you built up a world of magic 
Because your real life is tragic Brick By Boring Brick- Paramore
La libertad es fría. Lo pienso ahora que me traspasa el suéter y lo pensaba ese día en Citadina cuando me había puesto ropa de menos y el aire se me colaba hasta el pecho. Se me ocurría la analogía de la libertad como un viento helado que choca contra tu cuerpo sin defensa, contra la piel de tus costillas, y se lleva todo tu calor, pero a cambio te deja ese estremecimiento delicioso, suelto. La libertad era la razón por la que me lanzaba a correr como una loca en el Tangamanga hasta quedar sin aire, hasta perderme de la vista de mis padres. Qué delicia, que no me vieran, no estar bajo su control, que solo me frenara el aire que me faltaba. El ardor. La libertad es dolor, también.
Como sea, me iré pronto. Lejos, muy lejos. Qué más da el carácter de suicidio simbólico que le imprimí a ese viaje, no es más que un símbolo personal y nadie más lo ve así. No tenía miedo por eso mismo; muy en el fondo, y a veces no tanto, sueño día y noche con ser El Leve Pedro y salir volando hasta el infinito. Con lo que no contaba era con la escasísima resistencia de mi cuerpo al frío; ayer llegaron mis boletos. Ayer empezó el verdadero viento invernal. Quise recibirlo bailando, bruja de aire al fin, y eso hice, todavía en la mañana su hechizo revoltoso sobre mi cabello me hizo feliz. Y en el centro, nido de cantera acogedora que me llena de energía. Hace pocas horas me estremecía de placer, quería volver esta crónica una oda a la felicidad. Pero no soy leve, pero el cuerpo se me entumeció, pero tuve que dejar el centro. Peros que me alejaron del sol y me estamparon en la cara la enormidad del frío que costaba mi libertad: es de hielo. Y con mis lágrimas, como cuando era pequeña, a la par de la ciudad, es de nieve.
Todo comenzó ahí, supongo, hace veinte años o más -espero cumplir los veintidós en un par de meses, más sola que una rata, y es mi más vengativo deseo-, así que cabe comenzar desde entonces. Porque sí, creo en los horóscopos, pero que mi signo diga que soy una adicta a la libertad no me parece explicación suficiente. Porque yo de esto quiero, exijo culpables. Yo que a los seis años me moría por una caricia de mi mamá, por un novio como los de la tele, por cualquier cosa. Más que una niña era una gatita mimosa queriendo enroscarse, y mi abuelita era la única que me hacía caso. En fin. Por razones que se me escapan, lo que más desea uno es lo que menos puede tener, o lo que más repele. Entonces yo nunca pude tener una relación física bonita, ni de amistad ni de nada, y era asquerosamente torpe para esas cosas (Lorena llorando: "¡abrázame!, ¿no ves que estoy mal?", puede atestiguarlo), hasta Alex. Oh-cielos-Alex. Y yo que ya no quería escribir una cuartilla más de Alejandro Grimaldo. Me está llegando una prisa por sentirme bien de nuevo, que no quiero entrar en detalles, no quiero repetirme ni decir nada más sobre mi mejor amigo y al mismo tiempo, quizá, la única relación significativa que he tenido en esta vida. Creo, con justicia -y en este punto debo parar la música de fondo, para llorar un poco más, concentrarme más, decirlo bien- que toda esta entrada es sobre la soledad que me persigue desde que nací, y bueno... sólo con él, y durante algunos momentos muy escogidos, pude no estar sola. Dejémoslo así. ¿Qué pasó, ocasional Lector Curioso que no está al tanto? Lo mío con Alex fue una monumental confusión, uno de esos chistes que hace Dios de vez en cuando para demostrar que tiene sentido del humor, pero del más negro posible. Nunca fuimos nada más que amigos; por ende (y créame, acabo de ver silogismos en la Universidad) yo nunca he tenido novio/conocido el amor/ bla bla bla. Nunca fuimos nada pero me permitió, por primera vez en mi vida, abrazar, besar, mirar a los ojos y entregar todo el amor que siempre quise dar. Le juro a usted, lector implícito, que a esa clase de oportunidades yo les juraría lealtad eterna. ¿Ya ve cómo mi loca ansia de libertad no es cosa mía? Si por mi fuera, yo como un globito de helio, bien amarrada en una esquina del centro, bonita y brillante.
En fin, que no es cosa ya de lamentarse... bueno, ya no más, la verdad es cansado tanto llorar, no vaya a tener razón mi mamá y se me acaban las lágrimas y no pueda llorar cuando ella se muera. Quería hacer preguntas retóricas estilo Segismundo, algo tipo "¿Es mucho pedir alguien a quien querer, alguien que escuche, alguien a quien le importe?" y cosas así, pero me corren de la computadora, el frío ya salió de mi sistema, y bueno... qué se yo. Guardar un tesoro secreto de ternura y la madre y media suena bonito. A lo mejor lloro más en un rato, la catarsis siempre es buena... pero supongo que es suficiente por ahora; agujeros negros repletos de nieve solitaria en mi pecho, mis superhéroes de cuatro patas acompañándome, un poquito asustados por mi drama del año. con gritos y todo. Ah, esto no se acaba, no se acaba, no se acaba. Cosa de aprender a tejer, para hacerme un suéter y volar por ahí como El Leve Pedro y desaparecer, hasta luego compañeritos, fue un placer, les mandaré postales de las maravillas cósmicas. Ojalá haya algo parecido a la cantera, algo parecido a la nieve, algo parecido al amor.

Unas horas después de la(s) tormenta(s)

miércoles, 11 de octubre de 2017

Monstruo

Yo soy
el grito, el golpe, los actos impulsivos
el dolor de tus ojos hinchados, el vacío atractivo
los puños crispados, la migraña impotente
la barrera que te deja sentada ante una torre de pendientes, maniatada.
Los ojos verdes egoístas que nunca nunca aman
que piden placer vacío y te congelan en su frío
El dolor que no lo niegues, te gusta.

Y yo
Confieso con placer que he matado por negligencia
amores, mascotas, plantas, amistades:
Yo estaba tras ese acto estúpido de malicia
que te dijo que mojaras al cachorrito
Estaba tras tus celos de ella, que encontró una nueva amiga
me comí con deleite tus lágrimas horizontales y calientes
justo cuando llegaron a la cuenca de tus oídos.
Te convencí del ilogismo de buscar en otros hombres
la mirada perdida, caliente de deseo
por venganza contra el único que te ha amado alguna vez;
Venganza por amarte como el ama y no como tú quieres.
Recuerdo cuando matamos con negligencia
las inocentes avecillas, los verdes y delgados tallos
Porque matar sin mover un dedo siempre me ha encantado.

En fin,
que me gustan tus fluidos culpables y calientes
rojo de autoculpa y transparente de dolor
Y cuando tengo hambre me basta con presionar un poco, con tocar cuerdas
para sugerirte que hagas lo mismo, que te toques como a una guitarra
con navajas por plumillas
verdades como fuentes
mezcladas exquisitas como manjares.

Pero ahora
que crees haberme visto,
ya no sólo de reojo, imaginado
porque te clavaron un espejo ante los ojos
porque te dijeron que tenías que encerrarme
(¿Porque lo dijo él, sólo por eso?)
que jamás me iría;
que soy tú,
que somos,
que eres,
¿Me quieres encerrar?

Prometo guerra:
más dolor, vacío, asco
migrañas y lágrimas, alimento mío.
Y cuando te rompas
cuando tu patético pecho se quiebre
Prometo estar ahí para devorarlo todo
y desaparecer
entre risas sarcásticas,
tributo a tu debilidad.

Pero lucha, te espero.
Las peleas de un solo contrincante
siempre son predecibles,
pero no por eso aburridas.

Después de todo nos veremos cuando
el frío, vacío, la Nada reales
nos alcancen, justo antes de expirar.

Me esperas, te espero,
somos, seremos
doleremos
 hasta que ya no.


Monster waiting, y'know.