Llego en frío al Inktober, igualito que el clima. Le dije a Damián que cosas como estas se hacían para sortear bloqueos, para seguir creando, y aquí estoy. Aprovechando la palabra, usaré este espacio para hablar de las muchas cosas con las que ando cargando estos días, a la espalda por si se necesitan, y pesadas hasta su puta madre.
Pues bien, mi abuela murió. Hace dos meses ya, la verdad las fechas las tengo borroneadas. Estoy cansada. Mi trabajo cambió bastante porque tuve que pedir un cambio de turno a la mañana, esto porque mi compañero de cocina hizo la "broma" de sacarse el pene en frente de mi otro compañero (eso me dijo él que pasó, yo estaba de espaldas). Sabía que nos llevábamos feo, claro. Pero también es cierto que las ganas de llorar y el ultraje que sentí y el nulo apoyo estuvieron ahí. Y ahora que estoy de mañana, con tres mujeres y el encargado (su humor es... burlon, digamos, pero estoy muy segura que no querrá enseñarle el pene a nadie en la cocina, a modo de broma o no), tengo tiempo para estar en casa, con la familia.
Retomé la tesis. Esta vez para terminar, Y la procrastinación muerde fuerte (puede que este texto sea una forma de procrastinar, pero no soy dura conmigo misma: si voy a evitar mis obligaciones con algo, procuro que ese algo me sea de utilidad). Hablar con mi director de tesis fue esperanzador pero me deja ver en claro que hay un final próximo. Adendum: Julián también debe terminar pronto, y no son materias fáciles. Los dos tenemos la casa y los quehaceres encima, y está procurando las cosas para buscarse un trabajo. Trabajos.
Parece un mal argumento, pero también mi abuelo murió. Toda la familia estamos intentando ayudar a mi abuelita, que se siente perdida. Eso significa días enteros entre casas, en el panteón, en misas, días sin poder dedicarnos a la casa o a la tesis, o simplemente a descansar. No es queja, son cosas que una debe hacer porque su corazón desea hacerlo. Pero cansa, y te deja sin tiempo.
Quieren (según. Estas cosas nunca son lo que parece) embargar la casa en la que vivo, la de los abuelos. Por un asunto con el predial en el que lo menos importante es el dinero, sino los malos entendidos, olvidos, responsabilidades mal sentidas, digamos. Ni teniendo el dinero completo dejaría bien ese asunto. Un bello extra a este asunto es una deuda pendiente que le dejó mi tío a la abuela. Para que se haga cargo de él aún muerta, ya se sabe. Eso me pesa menos, porque medio sabemos cómo arreglarlo. Pero pesa. Tener miedo a abrir la puerta es algo.. curioso, por decir lo menos.
Todo indica que mis papás se van a divorciar, o al menos que son los planes de mi mamá. No la culpo, me parece una gran idea, pero ha muerto demasiada gente demasiado cercana, mala suerte para ella. Mientras tanto no nos lo dice, me comentó que esperaría a un momento para citarnos Sólo A Las Hijas para platicar, que quiere hablar con nosotras. O a lo mejor no es eso y yo imaginando, porque hace unos meses me dijo que quería divorciarse. Y mientras no sé, estoy preocupada por mi papá, esta vulnerable, debe encargarse de demasiadas cosas, ni tiempo tiene para ser maldoso o enfadoso o lo que sea con todas nosotras. Siento que una se deja llevar por el cliché, que hablas mal de alguien, se hace enemigo común, "haz fama y échate a dormir"... y luego ya nada es objetivo. Yo lo veo a él igual que siempre, sin hacerse cargo, pero a mi mamá... más agresiva con él. Cáustica. Y en estos momentos, y después de que lloró al despedirse de su papá. No sé. Son cosas para las que no tengo una respuesta, simplemente.
Un extra que no me imaginaba es un error del pasado que vuelve para molestar. Contexto: mi suegra me prestó un vestido muy importante para ella, olvidé que era prestado y lo vendí. Más contexto, en ese tiempo vendía bastante por Marketplace y nos tuvimos que cambiar de casa en circunstancias poco, nada, agradables. Pasó mucho tiempo hasta que me di cuenta de mi error, que la lastimó mucho. No se pudo reparar. Y ahora, en un momento en el que no sospecharía, le escribió a Julián para preguntarle por un saco que le había prestado, se lo encargó mucho. Sí entendí la sospecha y la desconfianza. Yo misma dudé de mi, y me preocupé por haberlo perdido. (Apareció en su casa y es un alivio. Pero duele la sospecha, por más merecida que sea. Más, me parece, porque dudo que vaya a irse alguna vez, y tampoco hay nada que pueda hacer. retirarme, me dice mi border. Pero sabemos que no son opciones de verdad)
Y hace frío, es más difícil levantarse. Suena escaso en comparación, pero al final se necesita un marco para este racimo de hermosos acontecimientos. La mochilita en qué meterlo todo.
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