ME gusta usar zapatos con punta cuando subo al columpio porque, cuando estoy arriba, veo su forma perfectamente recortada contra el suelo; luego, detrás de la forma surgen manchas grises de las casas, verdes de la vegetación, gris y café otra vez del suelo. Se parece mucho, este subir y bajar, al borderline. Son los dos extremos del mismo tren vertiginoso de emoción. Si fuera a ejemplificarlo con algo, digamos con películas, sería como pasar de Full Metal Jacket -violencia, armas, el ejército - a Sense and Sensibility...no, a Gone with the Wind -cosas suaves, bellas, mujeres... Oh, pero también el ejército [puede que en los dos extremos haya, siempre haya habido, guerra]-.
Perdón, mi mente también está subiendo y bajando. Otra vez gris, verde, gris café. Un tiempo me daban miedo los columpios. Hoy no, hoy estoy sorprendentemente cómoda porque soñé que lo estaba -fue un sueño muy suave: viajaba en camión, ligaba con un chico de hace mucho, el clima era blanco como hoja de papel, estaba cómoda en mis calcetines-, y ni siquiera la amenaza de lluvia podría alterar mi paz. Ouch, una piedra pequeñita.
Un trueno. Pero qué importan los truenos cuando el clima es del mismo color que el de tu sueño, cuando saliste prevenida con una bufanda a este claro...no, a este back-yard... no, a este espacio boscoso semi domado como ya no los hay.
Caen unas pocas gotitas con el siguiente trueno. No están frías, pero igual quisiera parar. Y para bajarme...una taza de café, algo crusty pero caliente como una taza hecha de galleta y chocolate, y rellena de café [¡¿pero eso existe?!]... no sé, algo para picar mientras La Espero.
Si no llega, no tendrá caso haber venido hasta aquí, haber soñado el sueño más suave y cómodo ni haberme vestido de otoño, de Pinterest-otoño-dark. Porque me empiezo a asustar de que no llegue.
Yo compraba un kilo de manzanas verdes, rememoro mientras veo otra vez mis zapatos contra el suelo. Eran verdes y no amarillas como las que se necesitaban para la ensalada de manzana y me cagaron a gritos y lloré y odié Nochebuena pero eso fue un poco después: yo compraba las manzanas y Ella apareció. Me dio terror porque es enorme y está bien, bien fea, pero también emoción y muchas ganas de llorar porque verla significaba que la magia podía existir. O al menos algo más allá de lo ya explicado [que debe ser lo mismo. Pero shhh]. Me vio y me hizo saber (NO me dijo, aclaro que no me lo dijo) que me esperaría en lo más boscoso de -----------, en la tarde más blanca, en el sueño más suave, y entonces -----------.
Pero la Bestia no aparece todavía. Si no llega, tendré que volver a encargarme de las compras que hago mal, volver a subir bajar toda mi vida en emociones, volver a esperar un alimento que no sólo no existe, sino que es imposible de hacer.
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