1. Sobre las casualidades causales
Veía, primero contra mi voluntad y progresivamente con más emoción, "Los espookys" de HBO. Tati, la mejor personaje, decide escribir ella misma grandes obras de la literatura y al más puro estilo de Pierre Menard, lanza su propia versión del Quijote. Esta y otras casualidades fueron la causa de que volviera a escribir algo con una estructura más o menos definida. También es la causa de que me haya decidido a robarle su título a Borges para esta humilde recopilación de minificciones sobre la ansiedad.
Sé que es una explicación demasiado escueta (palabra que mi pareja acaba de usar mal hace apenas cinco minutos) para lo que intento hacer; que no le serviría a ningún editor para vender estos textos, así que procedo a intentarlo mejor: el título, además de ser un robo titular, es una mentira. Porque lo que pienso hacer es dedicar algunos párrafos a la forma en que una persona con ansiedad (diagnosticada) puede llegar a sobrepensar las cosas de tal forma que su aparato retórico (ejercitado de forma profesional) sea incapaz de negar lo pensado y conceda: "sí, esto podría suceder".
En cuanto a moraleja o lo que intento lograr o el mensaje profundo del libro, por favor remitirse al cuento "Nunca apuestes tu cabeza al diablo" de Edgar Allan Poe, y a su historia (adelanto: le pedían que sus historias fueran morales y el cuento es una respuesta cínica a esa petición). Si acaso pensamos en metas, la principal es la de todos, ser leída, generar reacción en el lector... y a título personal, la ilusión (que nunca puede ser más que eso) de lograr la comprensión del otro.
2.
El sándwich slow food
Algo que quisiera que se sepa sobre las personas con ansiedad es lo siguiente: será pedante, pero no es lo mismo un estado ansioso pasajero que un cuadro de ansiedad diagnosticada. El segundo suele acompañar otros trastornos como TLP o TDAH. Afortunadamente (pensando en fortuna igual que en suerte, que puede ser buena o mala) su servidora tiene los tres. Esta combinación suele causar interesantes...
comentarios aleatorios, juegos de palabras sacados de una sitcom de los 90.
Justo me sentaba aquí a enviar una tarea de mi novio y pensé lo mucho que necesitaba un sándwich azucaroso porque hoy no quería que se fuera y lloré y al final sí se iría pero se rompió un pedacito de tubería así que no se fue y contra todo pronóstico su jefa le llamó para decir que le pagaría el día completo aunque llegara tarde y son demasiadas "y" ya pero siguen pasando cosas súper relacionadas que no caben en otro párrafo; decía entonces que necesitaba dulce para no estar triste y se lo pedí y en lo que regresaba yo tomé la iniciativa que no había tenido en al menos ocho meses y abrí el blog de mis escritos y comencé esto que llevo pensando probablemente otros cuatro meses, así que lo más lógico cuando llegó fue decirle: "tardaste tanto en hacer mi sándwich que empecé un libro de cuentos".
Como sea, contrátame por favor Marta Kauffman.
3.
La Terrible Historia del Aterrador Espíritu Canadiense
Soy insegura y celosa a un nivel demencial. El problema es que también soy una de las personas más románticas y enamoradizas que conozco, así que casi toda mi vida he estado enamorada y casi toda mi vida he sentido celos terribles.
Me enamoré de mi esposo aproximadamente a los veinte años, en mi segundo año de Universidad. Varias casualidades y desencuentros nos llevaron a dejar de hablar y un lustro después a ser pareja, pero ese no es el centro del relato.
Él es tímido, misterioso, serio y muy callado, al menos al principio, pero creo que nada de eso fue lo que me atrajo fatalmente. El gancho era que él tenía (o yo me inventé que tenía) un estándar de belleza mortalmente preciso, inalcanzable y perturbadoramente parecido a todo lo que yo anhelaba ser.
Dantés (digámosle así por si me divorcio y se enoja por usar su nombre real) era fanático de los videojuegos, juegos de mesa, de cartas, de rol, y un consumado weaboo nivel 50. También un contrabandista de toda multimedia que contuviera mujeres hermosas de estos rubros: ¿Cómo es la belleza de anime y de videojuego? Ahórrenme la descripción. Con él tuve lo que no había tenido con nadie, es decir, el valor de acercarme sin conocerlo y hablarle primero con una extroversión que realmente no tengo. Mi curiosidad e impertinencia le parecieron interesantes y me abría una pequeña rendija para conocerlo mejor. Un recuerdo velado y pequeñísimo de nuestras conversaciones iniciales es el de estos dibujos de chicas con rosas tapándoles la boca. Supongo que le habré mandado alguna foto y ahí quedó pero, años después, cuando estábamos separados, muchas veces sentía el impulso de tomarme fotos así.
Cuando reencontré a Dantés, incidentes aparte, iniciamos una relación, por una gran insistencia mía. Lo anhelaba como a un premio de feria, creo yo. Soñaba sus rechazos y me regocijaba sufriendo por ellos, así que cuando me aceptó quedé... desconcertada. Quería huir pero pronto me di cuenta que ya tenía la llave de esa puerta que él apenas había entreabierto para mí. Así que los primeros días lo acribillaba a preguntas sobre su pasado, vida amorosa, lo que escribía, sentía y le gustaba... y ahí comenzó La Presencia.
¿Dije que el ideal de belleza de Dantés era inalcanzable? Mentí. Una mujer y sólo una, de las que yo conozco, lo alcanza, tal vez lo supera. Mujer joven, canadiense, ascendencia japonesa, gamer, otaku, cosplayer, apellido de un juego épico-clásico que no mencionaré también por motivos legales, hermosísima, graciosa, memera, hablante de español, dibujante, más que contenta de ser waifu de cualquiera. Para rematar, su nombre es de aquellos rimbombantes, antiguos y novelescos, como el del propio Dantés y como hubiera querido uno para mí (Mi nombre ideal es Azucena, más no es el de La Presencia). Esta mujer era amiga por internet de Dantés. No le bastaba con ser bella y primermundista, también debía ser graciosa y... y todo lo demás. Todavía salpica un poco de sangre desde mi corazón al teclado relatando esto. Repito, una amiga/ crush antiguo de Dantés. A la que no le di importancia.
Obviamente la última línea es mentira o no tendríamos historia.
Me obsesioné cada día un poco más. Veía su perfil y odiaba mi cuerpo y mi existencia y cada cosa que hacía o comía o veía pensaba que ella lo haría diferente y de forma hermosa y yo era sólo un humano deforme que existía de forma inpoética. También es cierto que por esos días estaba en un lugar bajo anímicamente. Escasa la química cerebral, no sé como decirlo. Para seguir el tenor gótico, que me deslizaba hacia la locura. Entonces comenzó: nunca he dormido bien pero en ese momento no podría lograrlo más que unas horas. Mi cabeza necesitaba ruido externo para no escucharse a sí misma y mi material favorito eran los 36 vídeos de Dross contando 3 historias de terror. Había algo anestésico en su voz y en los escenarios que planteaba; ahora puedo suponer que escuchar situaciones de verdadera alerta (persecuciones, riesgo de muerte) le daban a mi mente el contrapunto perfecto para entender que no se moriría porque hubiera una hermosa mujer en Norteamérica existiendo. Extendí mi escucha a los videos de Dross en colaboración con el programa Voces Anónimas, sólo para tener más contenido. Aunque los efectos especiales de sonido llegaban a ser molestos, recuerdo unos pocos días que estaba realmente complacida con mis noches de terror, pues bloqueaban el verdadero terror.
Entonces empezó la pesadilla expansiva. Antes de reencontrar a Dantés en mi vida, recuerdo haber visto el caso de Elisa Lam en el canal de Dross. Elisa Lam es una mujer captada en el video de un ascensor, de noche, huyendo muy asustada de algo que no se ve en cámara. Nadie la volvió a ver hasta semanas después, cuando se quejaron en el edificio del agua tan asquerosa que salía de las llaves. Su cadáver se encontró en el tinaco. La verdad no me había llamado especialmente la atención hasta la noche que lo volví a escuchar en Voces Anónimas. Todo iba bien hasta que Dross, con su voz mitad argentina y mitad venezolana, mencionó que Elisa era canadiense. Comencé a sentir dolor de estómago y la cara caliente y ganas de llorar o gritar. Hiperventilaba, mis manos estaban heladas. Cambié de video, pero ahora la voz de Dross me recordaba a Elisa y Elisa a Canadá... fue una noche en blanco.
Con el pasar de los días sentía La presencia extendiéndose. Todo lo relacionado a ese país me daba malestar: El actor canadiense de Victorious, las mineras que se roban el metal de Cerro de San Pedro, Pucca, Jacobo Dos-Dos (y con él todo el canal Once Niños, enorme pérdida).
La solución que encontré fue sincerarme con Dantés. Quiero aclarar que las pocas veces que lo dejaba ver mi tortura en este aspecto, no lo culpaba ni lo acusaba de ser infiel. A fin de cuentas, qué tan patético sería decir: "Ella te parece más linda" cuando evidentemente y a todas luces lo es. Tampoco le pediría que la dejara así nada más. Así que hice lo que hacemos los aspirantes a suicidas: renunciar. Le dije justo eso, que jamás le pediría alejarse de una amistad pero me era imposible seguir con esa ansiedad, así que prefería terminar una relación perfectamente buena que seguir sin dormir. Sé lo chantajista que suena, y en mi pobre defensa sólo puedo decir que cuando propongo estas cosas me comprometo totalmente: si él hubiera aceptado terminar, no le hubiera insistido una sola vez. De esto se deduce que él decidió eliminarla de sus amigos, y listo, pude dormir tranquila para siempre.
Nuevamente, la última línea es un chiste de esos que en vez de dar risa hacen que la gente se preocupe por ti. Me sentí mucho peor tres días, el único pensamiento en mi cabeza era lo que le había hecho a Dantés, que me había metido en el amor de los dos (que parece que siempre existió en mi mente nada más). El embrujo perduró de tal manera que, en el punto álgido del pensamiento, tuve que barrer la cochera de mi casa y cada que repito esa operación siento los ecos leves y dolorosos de ese pensamiento. El aire de esa cochera se impregnó de mi obsesión insegura, menos mal que sólo me envenena a mí.
Sin embargo, sí podemos hablar de un final feliz. Con el paso de los días se fueron invalidando mis ideas obsesivas de inferioridad respecto a La Presencia, pues Dantés me había elegido a mí. Nunca más pude escuchar videos de Dross para dormir, pero eso tal vez fuera bueno para mi higiene del sueño (aunque luego fue Auronplay, y al día de hoy es Leyendas legendarias), pero ahora soy capaz de dormir en tan sólo dos horas después de acostarme.
Epílogo: la primera noche que pude hacer a un lado La Presencia, conciliaba el sueño de forma agradable y maravillosa... hasta que mi mente conjuró a mi peor miedo: el juego mecánico con columpios que se eleva y los hace girar. Su sola evocación es suficiente para no poder seguir acostada, y lo único que espero es que escribirlo ahora no me cause pesadillas esta noche.
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